Cerrando el Círculo – Lima 14 de setiembre del 2015

Hace unos días he vuelto a Lima, he estado ordenando mi vida aquí, también por diferentes actividades no he podido escribir en el blog.  Así que comenzaré donde me quedé.

Como parte de los eventos por los que me trajeron a Colombia tuve que visitar, aparte de Medellin, la ciudad de Bucaramanga. El viaje que me llevaría hasta allá fue mediante una avioneta. No había subido nunca a una, fue algo emocionante; más aún cuando una de las pasajeras me habló y me dijo que era terrible porque al descender tienen que pasar por unas montañas y que hay mucha turbulencia. Un sinfín de posibilidades de accidentes aéreos pasaron por mi cabeza.

Todo sucedió con calma. Llegué a Bucaramanga y me estuvo esperando alguien de Ulibro, se llamaba Cristian. Me comentó que la ciudad de Bucaramanga se estaba volviendo una ciudad futura-moderna, algo así también me decían de Medellín. No sé si era por todos los edificios que se levantaban sobre las montañas o por la calidad de vida.

En Bucaramanga me encontré con Iván, uno de los organizadores de Entreviñetas, y con Jim Pluk, historietista de la ciudad. Además con Marcela Trujillo (Maliki), después se nos unió Laura Garzón, crítica de arte. Fueron días llenos de talleres y conversatorios. En esta oportunidad decidí hacer talleres de máscaras y uno de acuarelas.  Cada lugar al que íbamos era muy diferente a otro, desde un colegio privado de monjas, uno mixto privado, uno mixto público y el último donde era una zona en recuperación. Lo mismo que sucedía en Medellín se repetía. En algunos colegios  el curso de arte era suprimido. Maliki me comentó que le preguntó a una niña qué quisiera ser de grande, ella le dijo “¿qué quiero ser?” o “¿qué quieren que sea?”. Creo que seguirá pasando tiempo hasta entender que las artes también pueden ser una alternativa.

Bucaramanga es una ciudad muy caliente, más que Medellín. No tuve mucho tiempo de conocer todos los lugares, pero fue muy chévere poder compartir con los viejos y nuevos amigos que iban apareciendo en el camino.

Mi regreso a Medellín fue en avioneta, pero esta vez fue más relajado y rápido. Volví a Casa tres patios a terminar de ordenar lo que sería la presentación y muestra, esto ocurriría dentro de 4 días. El sábado y domingo me quedé en la residencia a ordenar todo. Por la noche me encontré nuevamente con los chicos de UNLOQUER (Un espacio de experimentación con objetos electrónicos), también con Natalia, estuvimos conversando y tomando unas cervezas. El fin de semana pasó muy rápido. Ya era lunes de montaje, me encontré de nuevo con Karen y terminamos de acomodar la bitácora visual. La ayuda de Jose, encargado de la logística, fue esencial, si no nunca hubiéramos terminado.

El día de la exposición y conversatorio fue genial. Pude hablar de  lo que vi, lo que enseñé, lo que compartí con los chicos del Laboratorio del Espíritu, de mi experiencia en formato gráfico y de lo que fue mi residencia dentro de C3P (que luego compartiré de manera online en octubre). Creo que todo salió muy bien. Era la primera vez que hacia una residencia y un trabajo de este tipo.

El miércoles sería mi último día en Medellín, había prometido volver al Laboratorio del Espíritu para hacer un mural. Ese día partí hacia El retiro con Karen, sin ella nunca hubiera podido terminar el mural, fueron casi 8 horas seguidas pintando. Me despedí allí de Gloria, de Marisol, de Mireya, del Laboratorio del Espíritu y también de Karen. Había decidido quedarme un día más para la Inauguración del MAMM (museo de arte moderno). La fiesta fue a lo grande, me hice fan del trabajo de José Antonio Suarez, un dibujante famoso que conocí en mi única visita al Taller 7. En ese lugar me despedí de Natalia (mi compañera residente), de Sonia y de Tony (los coordinadores de C3P).

Partí hacia Bogotá en autobús, la duración del trayecto fue de 8 horas que se extendió hasta 11. Andrés me alojaría unos días en su casa para poder conocer la ciudad. En los pocos días que estuve por Bogotá conocí muchos lugares: La iglesia Monserrate, las plazas, el jardín botánico, el parque Bolívar, diferentes museos y galerías. Además me encontré amigos que no veía hace mucho tiempo y amigos que solo conocía por las redes. Luego volví a Lima.

Para terminar esto, quisiera agradecer a todas las personas que conocí desde que llegué a Colombia. A Entreviñetas y Casa tres Patios por toda la confianza en lo que hago y por el apoyo en todo el tiempo que estuve en Colombia, a Tony por esas conversaciones, a Sonia por su amabilidad en todo, a Karen por el apoyo y su compañía, a Diego por el café diario, a Melle por sus historias, a Natalia por su entusiasmo, a todo el equipo del Laboratorio del Espíritu: a Gloria una mujer llena de vida, junto a Marisol y Mireya, también a todos los chicos que participaron en los talleres, A María Juliana, a Juliana, a Julia, a Ana María, a Dani, a José, a Estefanía, a Carolina, a Angie, a Carmen, A moisés, a Jorge, Juan, Ervin por estar ahí. A Abraham e Iván por los correteos, a Matilde por los emails insistentes. A Daniel que aún me debe empanadas, A Jim Pluk por su buena onda en Bucaramanga, a Laura por su alegría, a Maliki por su entrega al dibujo, a Andrés y Alexandra por su amabilidad y cariño en Bogotá, a Diego, a Lala por sus historias y su guía. Espero no olvidarme de nadie.

Quiero terminar compartiendo un texto que me escribió hace poco mi amiga Natalia sobre su residencia:

Ahora que empiezo a recoger las memorias de este viaje, empiezo a entender lo exquisitamente impredecible que es el universo. Andamos por ahí sin saber que en el momento menos esperado la vida nos va a cambiar para siempre. Por eso hay que moverse, siempre. 

Permanecí imaginando esta ciudad desde el otro lado de las montañas, y no había podido ver esa parte que guardaba de mí y que tanto me hacía falta. 

Ahora me siento un poco más completa. Más comprometida con el viaje… 

Tal vez algún día llegue al último puerto y no hará falta nada. Ni siquiera yo misma.  

Es difícil no crear lazos con personas que van apareciendo, por alguna razón te ves reflejadas en ellas, en su quehacer diario; te abren la puerta de su vida y te invitan a ser partícipe de ella. Espero en un futuro volver a encontrarlas. Hasta pronto.

Eduardo Yaguas

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Domingo 23 de agosto del 2015 / Medellín/ Colombia

Han pasado ya muchos días de mi último post. He estado muy ocupado con diferentes talleres y la bitácora visual. ¿Pero qué es esto de la bitácora visual? No suelo hacer cómics referido a mi vida, sino que solo la uso para crear otras, pero en este caso la bitácora son las huellas diarias que voy escribiendo y dibujando, es un ejercicio creativo que me permite ser más práctico e improvisar con los sucesos, tratando de retratar el mismo instante. Estoy colgando un par de páginas para que se vayan dando la idea.

El fin de semana me quede en C3P para terminar  algunos detalles en los gráficos y más. Y todo esto me lleva a la soledad. En la semana he estado visitando algunos lugares más como  Santa fe de Antioquia (mucho calor) y el puente de occidente. Para llegar a este último tuve que caminar 6 kilómetros. En este recorrido encontré una familia cerca de un riachuelo buscando algo de oro y algunos grupos de motociclistas fumando yerba y tomando. La soledad del camino te hace ser más receptivo y tus otros sentidos se agudizan, en varias oportunidades dentro de la residencia he estado caminando y visitando algunos lugares solo, pero no es porque uno sea  huraño, simplemente que hay cosas del entorno que uno necesita comprender y para hacerlo necesita estar en soledad.

El camino de Santa Fe de Antioquia al puente de occidente me recordó mucho a un recorrido que hacía cuando estuve por Puerto Rio, donde los árboles eran tan grandes y no dejaban entrar la luz de la luna o del sol, y que solo escuchabas animales o los troncos crujiendo, creciendo. Al final del puente conocí a Miguel, alguien encargado de parquear los autos. Él lleva casi 20 años trabajando en el mismo lugar, me contó de una tragedia de hace pocos años en la que un padre con su hija cayeron del puente, ya que este no pudo aguantar el peso. Ahora  lo han reforzado. Para volver tenía que hacer el mismo recorrido, de suerte encontré a alguien del lugar llamado Yofre que me jaló en su moto hasta la central de buses hacia Medellín.

He dado 3 talleres estos días. Uno de ellos en un lugar llamado Manrique, una zona muy caliente que años atrás estaba cargada de violencia por las bandas, la otra en Santa Elena, en Manyu, un lugar algo parecido a un reformatorio, donde los chicos se quedan meses para tratar de rehabilitarse sobre su conducta o por droga. El resultado de estos dos lugares al igual que el proceso han sido muy parecidos, chicos muy inquietos  donde la violencia era lo más común, y eso se reflejaba  en sus gráficos  donde retrataban siempre gente fumando, teniendo sexo, gente asesinada, era algo que siempre están experimentando. Lo interesante de todo fue que al final podían contar su dibujo y luego cuestionarse  sobre estos problemas.

En el Laboratorio del espíritu, un lugar comunal y rural, los temas o ideas son muy diferentes, los participantes son más receptivos, siempre interesados en saber nuevas cosas. En el tiempo dictando el taller, el tema de la violencia no estaba casi presente, pero sí uno en particular que era el miedo. En la mayor parte de las historias siempre había una carga sobre lo cubierto, lo no explorado.

Contar historias con dibujos es un camino aún no explorado por los participantes, un camino con mucha maleza que cortar. Para ellos al igual que para mí, es una oportunidad de autoconocimiento y poder de abstracción.

El sábado terminé en una muestra donde el tema principal era el agua, sus problemas, carencias y la necesidad de la misma. Desde que llegué había un hombre pedaleando unas bicicletas estacionarias, mientras iba pasando el tiempo el sujeto iba quitándose la ropa y recolectando su sudor en un envase, estuvo así durante todo el tiempo que pude estar.  Esa imagen de los visitantes discutiendo acerca del performance mientras tomaban su copa de vino y el sujeto recolectado su sudor fue muy extraña. Entonces me cuestionó el camino del arte y de las nuevas propuestas innovadoras, de las grandes instalaciones y del  dinero  que necesitas para hacerlas, que no es nada poco. Y de cómo el concepto  o discurso en muchos casos se sobrepone sobre la misma obra. Y desde mi percepción de visitante,  Medellín está cambiando la construcción de su ciudad hacia algo más “contemporáneo”, algo más actual. ¿Pero este es el camino para que una ciudad sea mejor?

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Martes 18 de agosto del 2015 / Medellín / Colombia

Han pasado muchos días. Veo el poco equipaje que tengo y creo que traje lo necesario. Mi maleta no pesa más de 15 kilos, viajo ligero, algo de ropa y fanzines; hasta ahora las cosas iban bien.

He dado mi primer taller en el “Laboratorio del Espíritu” un lugar muy alejado del centro de Medellín, el tema fue vernos a nosotros mismos, o reflejarnos en otros; contar historias con dibujos. Los participantes son un público joven. Al inicio les fue muy difícil escribir, había parámetros que romper, pero luego fueron tomando confianza al dibujar y relatar algún suceso importante. El resultado final fue muy emocionante, cada participante contaba con entusiasmo sus dibujos, agregando detalles y más ideas que no estaban en el papel.

Tuve tiempo de participar también como niño en un taller de la RED que coordina la Casa Tres Patios, se realizó un juego creativo con acuarelas y la creación de MOCO con algunas sustancias sencillas:

– Una cucharita de borax (polvo blanco)
– agua
– colorante
– alcohol polivinilico
Mocos de diferentes colores aparecieron. La sensación de algo pegajoso en las manos era tan divertida y relajante, me recordó cuando uno mete las manos en fideos hervidos o arroz. Era inevitable volverse niño y contagiarse de todas sus energías.

 El viernes visité EL TALLER 7. Un espacio donde también se realizan residencias, y proyectos artísticos. Todos los viernes tienen un taller libre de retratos, donde los mismos que dibujan son los modelos. Me contaron que un artista muy importante estaba de participante, su nombre es José Antonio Suarez, uno de los dibujantes más reconocidos de Medellín. Me contó que el taller lleva más de 10 años de formación, él es uno de los fundadores. Sería un fin de semana largo, el lunes es feriado. El sábado me perdí. Tomé un bus, trataba de llegar a la presentación de un fanzine y termine por unas montañas en Envigado, un lugar completamente diferente al centro de Medellín; edificios grandes, parques privados, casas ostentosas y muchos autos privados. Estaba en otro mundo.

El domingo no salí. Me quedé en casa avanzando mi bitácora visual, es algo más detallado de mi estadía aquí con muchos dibujos con acuarelas, al final de la residencia espero tener una muestra del resultado. Me olvidé mencionar que comparto la residencia con Melle (Un profesor de arte de Holanda) y Natalia (Critica  y curadora de arte). Inventamos un juego de comunicación usando solo dibujos, al final se volvieron acertijos que hizo que nuestro cerebro explotara de risas.

El día lunes seguiría avanzando con la bitácora visual, en la tarde visitaría el Parque Biblioteca España, tiene una forma de 3 piedras. Fue construida para llevar cultura a una de las zonas más calientes de Medellín, Santo Domingo. Este era un lugar donde siempre había muertes a causa de las bandas. Me quedé unas horas leyendo unos libros de arte hasta que se hizo noche.

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El resumen

Ya ha pasado más de una semana por Medellín y no he podido escribir en el blog por diferentes factores. Trataré de hacer un resumen con fotos de esos días y comenzar a actualizar diariamente lo que hago.
Viajar es algo que siempre me ha gustado hacer. Se me presentó la oportunidad de ir a Colombia/Medellín por invitación de Entreviñetas y Casa Tres Patios. Como toda experiencia nueva, es algo que te da mucho miedo y entusiasmo de las nuevas cosas que puedas encontrar y descubrir.
Todo lo que redacte y las fotos que estaré subiendo son mediante el celular. En los tiempos que pueda disponer, quiero que sea un registro más instantáneo del momento.

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Residencia Artística – Medellín 2015

El residente de este año es Eduardo Yaguas, historietista peruano que llevará a puerto un proyecto narrativo y gráfico inspirado en la geografía humana de Medellín y Antioquia. Durante un mes, Eduardo tendrá a la Fundación Casa Tres Patios como principal sede de su trabajo. Además, para desarrollar los contenidos de su propuesta, Eduardo coordinará una serie de talleres con la población del cercano municipio de El Retiro, en donde se encuentra la sede de El Laboratorio del Espíritu. En este blog se conocerán los avances de esos proyectos.

En asocio con:                  Con el apoyo de:
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